Autopia

Discoveryland y su Banda Sonora

Sólo hay un Discoveryland en el mundo, y está en Disneyland París. Una tierra que presenta un homenaje a los visionarios del pasado y del presente necesitaba una música que ofreciera una atmósfera muy especial y de la que hablaremos a continuación.

La música como vínculo

Discoveryland no es la Tierra del futuro, ni siquiera de un futuro pasado. Discoveryland representa la Tierra «de» los futuros, los imaginados por Julio Verne, H.G. Wells o George Lucas, reunidos como si se tratará de una exposición universal. A través de su arquitectura e historia, cada atracción refleja una visión particular del futuro, tal y como se imaginaba en el Renacimiento con Orbitron y sus Máquinas Voladoras del siglo XIX, con Los Misterios del Nautilus y Space Mountain – De la Tierra a la Luna, o un futuro más actual como podemos imaginarlo hoy en día con Star Tours: La Aventura Continúa.

Ante tal diversidad de futuros, era necesario encontrar la manera de dar unidad a este conjunto. La música de fondo, o BGM, era la forma ideal de conseguirlo, una tarea que  no fue fácil. En general, la música de fondo en los parques Disney ayuda a ambientar cada tierra. Para Discoveryland, era necesario un enfoque más emocional, que encarnara el espíritu de descubrimiento, asombro y optimismo que es único en esta land.

En otro mundo…

Para diseñar Discoveryland, el Imagineer Tim Delaney se fijó primero en la obra del compositor cinematográfico Bernard Hermann, especialmente en Viaje al centro de la Tierra (1959) y El Ultimatum a la Tierra (1951), que consideraba las piezas musicales de ciencia ficción por excelencia. Estas piezas tenían una impronta sonora única, como si pertenecieran a otro universo: la primera utilizaba un novedoso conjunto de cinco órganos, arpas, percusión e instrumentos de metal, y la segunda, un theremín, uno de los primeros instrumentos electrónicos, que suena de forma extraña y se toca sin tocarlo.

Pero los Imagineers no tardaron en darse cuenta de que la naturaleza tan especial de Discoveryland no podía circunscribirse al marco de una música existente, y por eso querían una música original, concebida específicamente para esta Tierra. Mientras buscaban en esta dirección, descubrieron a David Tolley, un joven pianista y compositor que entonces trabajaba en el campo de la música de cine y estaba interesado en la música electrónica. Su original personalidad, a la vez clásica y moderna, encajaba perfectamente con las ambiciones de Discoveryland.

Impresiones de Francia

Orbitron

Para componer esta BGM, David Tolley se basó en dibujos y conceptos, así como en ciertas palabras o expresiones proporcionadas por Tim Delaney que le ayudaron a captar el espíritu y las emociones del lugar, como «Discovery» o «Timeless», que se encuentran en algunos de los títulos de esta música. Tim Delaney también sugirió ideas de vuelo y heroísmo, que se pueden encontrar en la música de cine, pero también en las obras de la época de Julio Verne.

Estas influencias se encuentran en la propia escritura pianística de la música de Discoveryland, como un eco de la música francesa de la segunda mitad del siglo XIX. La escritura clásica de Heavenly Flight, con sus arpegios, recuerda a Camille Saint-Saëns, y en particular al famoso final de su Carnaval de los animales. El estilo más impresionista de Hilary’s Discovery evoca a Claude Debussy (que también inspiró al compositor de 20.000 leguas de viaje submarino). En cuanto al Vals de la doncella de un francés, encontramos en él, no sin un toque adicional de humor, el toque de Emile Waldteufel, «el Strauss francés», conocido por su famoso Vals de los patinadores.

Una música «electro-sintética-magnética»

Otra dimensión esencial de esta música es el aspecto «intemporal» que le confieren sus sonidos electrónicos. Visualmente, Orbitron, Flying Machines (que era el techo de Discoveryland cuando se inauguró, antes de que se construyera Space Mountain) es una inteligente mezcla de antiguedad y modernidad, que combina una arquitectura inspirada en Leonardo da Vinci con una iluminación de neón que le da un aspecto eléctrico. Del mismo modo, la música de Discoveryland revisa la escritura clásica a través del sintetizador, como hicieron en su momento Jean-Jacques Perrey para la música barroca (el famoso tema de la Main Street Electrical Parade) y la compositora de Tron, Wendy Carlos, para Bach y Beethoven o Rossini.

Así, en Heavenly Flight (Vuelo Celestial), una de las piezas más emblemáticas de la zona y que es de las más representativas alcanzando una dimensión universal a través de estos coros etéreos y campanas electrónicas. En cuanto a la pasión por la exploración, está en el corazón del tema Christafori’s Parade, con sus sonidos aéreos, y cuyo tempo parece seguir las diferentes fases de un viaje a bordo de Orbitron, desde la emoción del despegue hasta la contemplación de las estrellas.

¡Una verdadera armonía de las esferas!

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